QUE HA DE SER DE LA VIDA – Héctor Bordigoni


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En los principios de la década del 1970, en Argentina, Horacio Guaraní escribía en una canción
de protesta, aunque me gusta más el nombre que les daba Mercedes Sosa de canciones de Barricada,
llamada “Si se calla el cantor”, una frase dice: “que ha de ser de la vida si el que canta no levanta su
voz en las tribunas por el que sufre, por el que no hay ninguna razón que lo condene a andar sin
manta” Lo cual nos lleva a pensar que es una cuestión de vida, y creo que hoy con la situación que se
está viviendo en el mundo debería sonar con fuerza, porque las coyunturas que envuelven a la
humanidad nos hacen volver la vista a los más necesitados de la sociedad.
En América se está luchando, en el seno de la OEA, por que se ponga en funcionamiento la
carta social, una iniciativa para revertir la situación histórica de pobreza en que han vivido, viven y se
intenta que dejen de vivir, decenas de millones de hermanos latinoamericanos (se habla de 53
millones); la lucha social no es solamente contra la pobreza en sí, sino contra todo tipo de injusticia que
pueda llevar a la esclavitud, ignorancia, maltrato y exclusión entre otros derechos humanos casi no
contemplados por quienes hoy levantan las banderas de los DDHH.
En el otro lado del espejo se encuentran los países desarrollados, en ellos se percibe una
degradación de la situación social que en los últimos tiempos fue ejemplo para el mundo. Allí se
comprueba como ante una desaceleración de la economía, las formulas puestas en práctica sólo han
logrado ayudar a quienes más tienen, especialmente a los banqueros, en detrimento de las masas
sociales, en este caso se puede mencionar el alza de la edad de jubilación, así también los recortes a las
ayudas sociales, bajas en los sueldos, etc. Realidad que enmarca la pérdida de un status y el despertad
dentro de un escenario que se presenta sombrío para las mayorías.
Lo lamentablemente: no todas las instancias, ni instituciones que se esperaba han levantado su
voz con fuerza no lo han hecho ni a favor, ni en contra de estas situaciones, prefiriendo el silencio a
veces cómplice, me refiero en especial a las religiosas, sin hacer alusión a ninguna en particular, pero
llama la atención que desde el encuentro con Dios no salga ninguna respuesta contundente, si bien han
visto la luz algunos tímidos documentos, ante las situaciones ya mencionadas. De los organismos de
derechos humanos, mejor no hablar mucho, ya que el desempleo y el hambre de las personas como que
no es materia de su incumbencia.
La falta de respuesta ante la situación social que presentan las distintas corrientes religiosas,
especialmente las cristianas, tiene mucha relación con la espiritualidad vivida actualmente. No sé si
tendrá influencia todo este movimiento hedonista, el cual no busca más que una superación y
satisfacción egoísta de la persona. También puede deberse al descubrimiento de nuestra cultura de la
espiritualidad oriental, la cual busca el crecimiento de la persona por medio de la armonía de la trilogía
dios – naturaleza – yo; que muchas veces tiende a olvidar el encuentro con el otro, especialmente
porque estas corrientes no llegan puras a nuestra civilización, sino que tienen muchas influencias del
movimiento espiritual denominado Nueva Era.
El cristianismo tiene un plus especial, si lo comparamos con todas estas corrientes y es debido
al mensaje de Jesucristo, bien entendido por la primera comunidad que en el relatos del libro de los
Hechos de los Apóstoles describen, en varios capítulos, que ponían todo en común y no dejaban que
nadie pasará necesidades.
Ese plus no es otro que el mandamiento del amor: “Ámense los unos a los otros”, esta frase es la
fórmula más conocida de ese mandamiento; la otra es “amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu
prójimo como a ti mismo”, él cual debe ser cumplido desde el final para ser cumplido, y quizá se
pregunte como es eso, pues bien, si uno no se estima o no se ama es imposible que llegue a amar a otra
persona, uno no puede dar lo que no tiene, y he aquí un ejemplo: si alguien en la calle le pide una
moneda para comer y usted en el bolsillo no la tiene es difícil e imposible que le pueda dar esa moneda;
por eso si uno no se ama no puede amar a los demás.
Acto seguido, antes de poder decir que se ama a Dios, se debe demostrar ese amor porque no
hay una maquina que mida ese amor a Dios si no es con los actos que le hacemos a la persona que está
a nuestro lado, y no habló sólo de las personas que queremos o estimamos, es de todas aquellas
personas que están a nuestro alrededor en un momento determinado y necesitan de nuestra ayuda.
De esa manera, el mismo Jesús nos ha comprometido a vivir la fe en Dios en ese encuentro
personal con él pero y muy específicamente en el encuentro amoroso con las otras personas, tal como
lo detalla en el relato del Buen Samaritano. Por eso, se hace difícil comprender el silencio del cristiano
ante las injusticias sociales que surgen hoy día.

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