EL PAPEL DE LOS ANIMALES EN EL POPOL VUH – Olga Custodio


Este artículo tomado de http://www.revistalunapark.com/anterior/index.php?option=com_content&task=view&id=268&Itemid=448, es una pista más para buscar acercarnos a la sabiduría de nuestros pueblos originarios, ya que nos enseñan a convivir con la naturaleza como parte misma de nosotros

popol-vuh

El Popol Vuh es el libro sagrado del pueblo Quiché. Es un manuscrito que trata la creación del hombre por los dioses, sus mitos y creencias, su asentamiento en comunidades y la genealogía de su nación. Debido a que contiene tal variedad de elementos, puede ser estudiado desde distintos puntos de vista y pueden analizarse múltiples temas. Uno de los pilares del Popol Vuh es su riqueza en alusiones acerca de la naturaleza, las plantas, animales e incluso elementos inorgánicos (como el agua, el aire, etc.), pues a través de estos puede comprenderse la visión quiché sobre la realidad, el mundo, el hombre y la divinidad. A causa de la gran importancia de la naturaleza para los indígenas, vale la pena resaltar el papel de uno de estos elementos que tiene gran participación en todo el manuscrito: los animales; y es que, la relación del hombre con estos es fundamental en el pensamiento quiché.

Las alusiones o pasajes donde se mencionan los animales revelan los distintos roles o atribuciones que se les daban a estos, pues no puede darse una única y simple interpretación al significado que los quichés daban a estos. Por ejemplo, en la creación, desde el inicio se ve la participación de los animales: “Luego hicieron a los animales pequeños del monte…los guardianes de los bosques. ¿Sólo silencio en los árboles y los bejucos? Conviene que alguien los guarde…Así los Progenitores les dieron sus habitaciones a los animales de la tierra.”. (Pág. 13) Aquí los animales aparecen sólo como otro elemento de la creación y del mundo, pueden entenderse como “elementos cosmogónicos”, pero con vida. Son parte del mito de la creación, así como sucede en muchas otras culturas.

A partir de su lugar en la creación pueden establecerse distintos papeles que toman los animales. En primer lugar, está la coexistencia con el hombre. Así como los dioses dependen del hombre para los adore y alimente, de igual manera los animales están en estrecha relación de actuación y existencia con la existencia humana. El hombre no puede existir sin los animales para alimentarlo y nutrirlo y por eso les guarda gran respeto. Los animales se conciben como parte de la naturaleza, que es madre de los indígenas y por eso el hombre debe coexistir en armonía con todos. No son vistos solamente como una parte de la realidad o el mundo, sino que comparten ciertas características de su existencia con el hombre: fueron creados por los dioses con un propósito, sienten, sufren etc. Su existencia también está en función de la vida del hombre.

A partir de esta concepción se entiende que los animales son parte de la totalidad de la naturaleza, y debido a que los hombres indígenas concedían a ésta el carácter de divina, puede, entonces, deducirse también la propiedad de divinos de los animales. Muchas de las divinidades quichés son identificadas con los animales o elementos de la naturaleza: “Inmediatamente después se convirtieron en piedra Tohil, Avilix y Hacavitz, junto con los seres deificados: el león, el tigre, la serpiente, el cantil y el duende.” (Pág. 122). A los dioses se les dan nombre de animales, pues se creían que estos tenían algunas características divinas. Eran panteístas, pues pensaban que los dioses estaban en todos los elementos de la naturaleza, como los animales: Zaqui-Nin-Ac o “Gran jabalí blanco”. Zaqui-Nimà-Tzíis o “Gran pisote blanco”, para citar unos ejemplos.

Debido a que se les atribuían estas características, en algunos pasajes también se mencionan a los animales como elementos de distinción o de poder. Se le reconocía algún rasgo distintivo a los animales, por ejemplo, la fuerza del león y se le adjudicaba esa cualidad al hombre. Puede interpretarse una especie de antropomorfismo, pues se identifican cualidades de animales en los hombres: “Entonces vinieron las insignias de realeza y de grandeza: el trono, la flauta de hueso, las garras de león, garras de tigre, cabezas y patas de venado, palios, conchas de caracol, tabaco, plumas de papagayo, plumas de garza real.” (Pág. 142). También se identificaban ideas abstractas con alguna característica de un animal, por eso se menciona que cuando el hombre pudo hablar pudo adorar a los dioses, porque antes sólo los animales “graznaban, chillaban y cacareaban”, el lenguaje es entendimiento y razón. El modo de entenderse de los animales es opuesto al del hombre, por eso es irracional, es sólo grito, o sea, falta de entendimiento y de conocimiento de los dioses, por eso los animales no podían adorarlos.
También, al identificar tan profunda y cercanamente a los hombres con los animales, estos se compenetran y empiezan a tomar cualidades recíprocamente. Los animales empiezan a hablar, a razonar; y los hombres, a convertirse en animales: “…pero al instante se convirtieron en monos. En seguida se fueron sobre las ramas de los árboles, por entre los montes grandes y pequeños y se internaron en el bosque”. (Pág. 67). Desde el mito de la creación el hombre reconoce su parte animal y su relación con los animales: “Y por esta razón el hombre se parece al mono, es la muestra de una generación de hombres creados, de hombres que sólo eran muñecos.” (Pág. 32). Es común en el Popol Vuh que los hombres sufran estas transformaciones al identificarse con una característica de un animal: “Al quinto día volvieron a aparecer y fueron vistos en el agua por la gente. Tenían ambos la apariencia de hombres-peces cuando los vieron los de Xibalbá” (pág. 94)
A pesar de estas estrechas relaciones que el hombre establecía con los animales y con lo que estos representaban: su fuerza, su rapidez, etc., los animales siempre tienen un papel inferior al del hombre en el manuscrito. La posición del hombre en la creación tiene preeminencia sobre la de los animales, y es que, esta es la única condición en que no se compenetran ni coexisten armoniosamente: el hombre es una criatura exclusiva y hecha para la adoración de los dioses, los animales no pudieron cumplir este propósito y por eso se le da mayor protagonismo al hombre en la existencia. Los animales siempre reflejan un papel inferior al del hombre en la realidad: “En seguida llamó Ixbalanqué a todos los animales, al pisote, al jabalí, a todos los animales y les preguntó: ¿Cuál es la comida de cada uno de vosotros? pues yo os he llamado para que escojáis vuestra comida.” (pág. 90). En este pasaje puede verse como el hombre está en control de los animales, él los llama y los ordena. Al hombre se le dio la prerrogativa de controlar la naturaleza.

Como consecuencia de esto, los animales a veces adquieren un papel de servidores, de ayudantes del hombre, mediante la adjudicación de distintas tareas: mensajeros, asistentes, protectores, etc. Puede verse esto en distintos pasajes: “Y estos mensajeros eran búhos: Chabi-Tucur, Huracán-Tucur, Caquix-Tucur y Holom-Tucur, así se llamaban los mensajeros de Xibalbá.” (pág. 52). En otros pasajes los animales son instrumentos que les comunican augurios o información valiosa: “-¿Qué nos cuentas tú ahora?, le dijeron los muchachos al ratón. Después te daremos comida, pero habla primero. -Está bien, sabréis, pues, que los bienes de vuestros padres han quedado ahí colgados…” (pág. 73). También se encuentra el episodio donde se narra de un piojo que es comido por un sapo, que es comido por una serpiente, que es llevado por un gavilán; para comunicar a los muchachos que debían ir a Xibalbá. Los hombres ordenan a los animales y se valen de sus servicios: “Así, pues, despacharon a un animal llamado Xan. Éste debía ir a recoger las noticias que lo enviaban a buscar. –Pícalos uno por uno y acaba picándolos a todos, pues esa es la parte que te corresponde, picar la sangre de los hombres, le dijeron al mosquito.” (pág. 80).”Así pasaron la noche en la Casa de las navajas y llamando a las hormigas les dijeron: -Hormigas cortadoras, venid inmediatamente zompopos, a traernos todas las clases de flores que hay que cortar.” (pág. 85). En estos pasajes se observan las diferentes tareas que el hombre impone a los animales, pues también tienen el papel de servidores.

Uno de estos “servicios” o atributos, que el hombre da a los animales, es el de ser guardianes de sus espíritus, y de ahí se deriva uno de los principales roles que los animales interpretan en el Popol Vuh. La creencia del nagual se basa en la adopción de un animal para ser un guardián simbólico e individual de los hombres. En el manuscrito puede verse esta característica que le atribuyen a los animales en pasajes como: “…cuando veían a las tribus se ponían a gritar en la cumbre de los montes, lanzando el aullido del coyote y el grito del gato de monte e imitando el rugido del león y del tigre.” (pág. 127). “Pintad tres capas, pintad en ellas la señal de vuestro ser para que les llegue a las tribus. En se seguida se pusieron a pintar. Primero pintó un tigre; luego pintó la figura de un águila y luego pintó por todas las partes abejorros y avispas, cuya figura era su ser.” (pág. 132-133). Este “ser” que se menciona en los pasajes es el espíritu que protege al hombre desde que nace, por eso se le selecciona un animal poderoso y con habilidades de guardián.

Finalmente, las referencias que se hacen a los animales muchas veces son indicios de abundancia, de esplendor y de prosperidad; pues, donde habitan los animales, el hombre tendrá alimento, protección y vitalidad. “Entonces celebraron, donde había gran cantidad de culebras tigres, víboras y cantiles, que había en el bosque en donde estuvo escondido por los sacerdotes y sacrificadores”. (pág. 119).

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